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En febrero de 1994, ‘Historias del Kronen’ supuso un golpe a la literatura nacional similar al que recibiría meses más tarde Luís Enrique a manos (o, mejor dicho, a codo) del italiano Tassotti. En esa época, en la que, tras el despilfarro económico generado en los años anteriores las miserias salían a la luz, un joven de apenas 22 años publicó un libro de unas 200 páginas que arrancó de raíz todos los cánones establecidos, tanto literarios como expresivos. Un estornudo de rebeldía contagiosa, lanzado bajo la inocente premisa de la narración de las vivencias de un grupo de amigos en el caluroso verano de la capital de España.

El Madrid de los años noventa, reflejado por José Ángel Mañas, nos presenta a una juventud malcriada, sin trabajo ni ganas de conseguirlo y que sólo encuentran sentido a sus vidas en la fórmula que cantó en su día Ian Dury“Sexo, drogas y rock and roll”, todo ello junto a una buena dosis de apatía social. Carlos, el protagonista, muestra una personalidad compleja; sin signos aparentes de afecto hacia ninguna de las personas que le rodean, encuentra en las películas de asesinatos y en el protagonista de la novela American Psycho sus ejemplos a seguir. Es parte de la primera generación criada por la televisión ‘sin rombos’; escenas de violencia sin filtro que encuentran su público objetivo en una juventud sin demasiados modelos a imitar.

Carlos muestra así una completa repulsa hacia los débiles y las minorías, así como una insana curiosidad por la violencia gratuita que será clave en la historia. Por otro lado, sus sentimientos hacia las mujeres, las cerdas, no pasan de considerarlas meros vehículos para satisfacer sus instintos más primarios. No es difícil establecer similitudes entre este personaje y Alex, de ‘La naranja mecánica’. En ‘Historias del Kronen’ nada es políticamente correcto y esa es quizás la mayor virtud de esta novela: resulta tan vulgar, tan directa y simple que aún hoy atrapa por su realismo.

No en vano, Mañas ha comentado en más de una ocasión que, tras la publicación de esta pequeña novela, que quedó finalista en el Premio Nadal, algunos de sus colegas dejaron de hablarle, al sentir que formaban parte de algunas de las historias, a pesar de los seudónimos. “Si llego a saber que se iba a leer tanto, quizá no hubiera escrito la mitad de las cosas que escribí”, explicó en su momento. Y es que el repaso que emprende el autor las zonas de marcha de la capital de España es tan repetitivo como cabal; Mañas no tiene reparos al hablar de calles, bares y sustancias que ayudan a alargar las salidas nocturnas. Gran  parte de la obra la componen una interminable sucesión de diálogos sin refinar de jóvenes de clase media-alta para los que no hay límites a la hora de invertir en minis, porros, tripis, rayas o mamadas. Llegarán a casa a la hora en que sus padres ya están en el trabajo y se levantarán de la cama a mesa puesta. Y vuelta a empezar.

La novela obtuvo un éxito considerable (las cifras hablan de que aún hoy en día se despachan cerca de 500 ejemplares al año) y fue adaptada al cine un año más tarde por Montxo Armendáriz, con opiniones muy dispares. Algunos, entre ellos el propio autor, consideraron que se había buscado una intención moralista con la trama que para nada se correspondía con la historia original (aún así fue premio Goya al mejor guión adaptado), si bien, en líneas generales, la versión filmada consigue transmitir un ambiente semejante a la mecanografiada: la fotografía de la primera ‘generación perdida’ de España, aquella que fue criada y amamantada por la cultura audiovisual.

Qué mejor ocasión para descubrir las escasas diferencias entre la juventud de los 90 y la actual que sumergirse en ‘Historias del Kronen’ en su vigésimo aniversario. Conviene que el lector no se asome a sus líneas sin entender que, como explicó Roger Wolfe en su crítica de esta obra, no se encuentra ante el Ulises de Joyce revisado. Tan sólo ante un reflejo verosímil y sin florituras de los desfases de la llamada generación X. Y no, no es como ‘Mentiras y gordas’. Gracias a Dios.

Artículo originalmente publicado en Revista OffTopic