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Por encima de los amplificadores, las cuerdas de acero o los pedales con efectos, hay un elemento  indispensable dentro de lo que se conoce como rock and roll la actitud. Un concepto que alude a una forma especial de afrontar la vida como músico, de comerte el escenario desde el primer minuto, de disfrutar con tu trabajo para hacer disfrutar a los que te escuchan. Y La Maravillosa Orquesta del Alcohol, grupo burgalés nacido en 2011, no puede sino considerarse una banda de rock pese a que usen la menor electricidad posible en sus directos (un bajo y, en ocasiones, un teclado). Tras dos EPs, a finales del año pasado lanzaron su primer disco, ¿Quién nos va a salvar?, que les ha hecho posicionarse como una de las bandas con más potencial dentro del panorama nacional.  Para conocer un poco más la situación e inquietudes de este original sexteto, hemos hablado con David Ruiz, cuya voz, rasgada e íntima, lidera un proyecto cuyo límite parece que será tan alto como ellos mismos se propongan.

Primer disco y muy buena acogida de crítica y público, confirmaciones en grandes festivales (BBK, Sonorama)… ¿Esperabais un respaldo tan rápido y positivo a vuestro trabajo?

Es algo que siempre te sorprende, pero tampoco consideramos que hayamos tenido un ascenso muy rápido. Somos conscientes de que cada vez hay más gente que nos escucha y que viene a nuestros conciertos, y que cada vez más medios se interesan en nosotros, pero también hay que tener en cuenta que llevamos tres años sin parar de trabajar. Como nos ha ido viniendo poco a poco, tampoco uno es consciente a veces de lo que está pasando. Te van ocurriendo pequeñas cosas día a día, supongo que fruto de la suerte, pero también del trabajo. Pero creo que no tenemos todavía perspectiva para mirar atrás y ver lo que nos ha ido sucediendo.

Es decir, que esta repercusión no os ha trastocado demasiado vuestro día a día.

Realmente no. En lo único que sí ha podido cambiar es que ha aumentado el trabajo y que, por tanto, tenemos que meter más horas. Ensayamos más, cada vez hay más compromisos, más bolos… En el resto creo que no ha cambiado nada. Nuestra implicación sigue siendo la misma, el cien por cien, pero también te puedo decir que, desde el primer día que empezamos, decidimos tomárnoslo muy en serio, y así seguimos. Tampoco estamos centrados en nada más: hacer cada vez mejores canciones, dar mejores conciertos y disfrutar por el camino.

De los pequeños bares en los que empezasteis, pasando por ‘El Hangar’ de Burgos (1.200 personas) hasta desembarcar en los grandes escenarios ¿Dónde os sentís más cómodos tocando?

Para nosotros nuestro hábitat natural no son los grandes escenarios o las salas de mil personas, lo nuestro es más bien bares y salas con cien o doscientas. Pero nos sentimos cómodos en todos los sitios. Al principio, como sólo tocas en locales pequeños, piensas que ese es tu lugar, pero luego, como has comentado, hemos tenido la oportunidad de tocar en salas y escenarios más grandes y también hemos estado muy a gusto. Todo tiene su encanto y su punto; por un lado está la cercanía con el público o la energía que puede haber en un bar de cincuenta personas, en las que escuchas a la gente cantar a tu lado.Por otra parte, una sala como La Riviera de Madrid o Razzmatazz (Barcelona) supone que te vea mucha gente, con un sonido mucho más potente… Así que se podría decir que estamos cómodos en todos los lados.

¿Pero no crees que el hacer música acústica juega en vuestra contra en los grandes escenarios?

Alguna vez sí que nos ha sugerido gente del mundillo musical que empleásemos guitarras eléctricas, ya que es cierto que el acústico está conceptuado para algo más íntimo y menos para un concierto de cervezas y cantar en voz en grito (risas). Pero nosotros nos hemos ido dando cuenta con el tiempo de que lo que queremos es tocar como un grupo que emplea guitarras eléctricas pero haciéndolo con acústicas, que para nosotros es un instrumento que transmite más. Una eléctrica te permite dar un guitarrazo y llenar un escenario, los efectos que tiene te dan mucho juego… la acústica es más desnuda, te expone más pero, en el fondo, transmite otro rollo. Creo que debemos seguir así, tocando con la actitud, la energía y la potencia de un grupo eléctrico pero con el sonido acústico, que es lo nuestro.

¿No os habéis planteado ningún cambio en ese sentido?

Nos lo hemos planteado mil veces, como tantas otras cosas (risas). Siempre estás dándole vueltas a la cabeza, intentando incorporar nuevos instrumentos para ver cómo quedan… Lo hemos pensado mucho pero, de momento, vamos a seguir con el acústico, de cara a lo que te he comentado, a seguir transmitiendo de la forma en la que lo hemos hecho hasta ahora.

Tocamos con la actitud, la energía y la potencia de un grupo eléctrico pero con sonido acústico”.

Empleáis a su vez instrumentos muy poco frecuentes en la escena patria, como la mandolina o el banjo ¿Qué fue antes, la creación del grupo o vuestro interés por ellos?

Te voy a ser sincero, hay un poco de las dos cosas. Siempre hemos escuchado grupos y artistas, como The Band o Bruce Springsteen, que te abrían la mente en ese sentido, ya que veías como utilizaban este tipo de instrumentos para algunas de sus canciones. Pero, por otro lado, hemos empezado a tocarlos a partir de tener el grupo. No ha surgido tampoco diciendo “hay que meter un banjo porque esto es lo que pega, lo que va a interesar a la gente”, sino que ha sido nuestra inquietud continua por incorporar nuevas cosas la que ha hecho que aprendiésemos a tocar el banjo o la mandolina,  del mismo modo que nos ha llevado a querer meter un sonido eléctrico o un órgano hammond, cosas que son menos acústicas y que realiza Jacobo, nuestro teclista, que nos acompaña en directo cuando vamos a escenarios más grandes. No sólo hemos querido escarbar en el folk o en el estilo más purista de mandolina y banjo, sino que hemos pretendido ir más allá. En el disco, por ejemplo, hemos metido por primera vez un trío de viento, con trombón, saxofón y trompeta. Intentamos poco a poco ir buscando nuestro sitio y eso te lleva a probar cosas nuevas.

Centrándonos un poco más en ¿Quién nos va a salvar?, a diferencia de otros grupos nacionales, vosotros os habéis desprendido pronto del inglés a la hora de componer ¿Ha sido algo premeditado o era lo que os pedía el cuerpo en este momento?

Nosotros empezamos haciendo música en inglés en nuestros dos primeros EPs precisamente porque nuestras influencias, los grupos que escuchamos, son en su mayoría anglosajonas, y de primeras era lo que más nos encajaba a la hora de componer y lo que mejor nos sonaba. Pero, sin querer ser pretenciosos, creo que lo que una banda debe buscar es labrar una identidad propia y eso pasa por no ser la fotocopia de un grupo de fuera, “la versión española de…”. Siempre se tiende, sobre todo en España, a hacer este tipo de comparaciones. Para quitarte ese estigma, todo pasa por forjar un estilo y un discurso propio, sin inventar la rueda pero sí aportando algo novedoso y, en nuestro caso, eso pasaba por emplear la lengua que utilizamos en el día a día, la que usa la gente que nos viene a ver y que nos rodea.

En el segundo EP ya empezamos a emplear el castellano, en el tema Gasoline, que ha entrado también en el disco, y nos gustó la experiencia. Cuesta diez veces más escribir una letra en castellano que en inglés; es difícil que lo que compongas no se parezca a algo que esté ya hecho, porque los referentes están muy claros, pero en general es más satisfactorio: llegas más al público, te entienden mejor y a ti te permite expresarte mejor. Por ello decidimos hacer el disco íntegramente en castellano, si bien no hemos abandonado del todo el inglés, ya que en los conciertos seguimos cantando seis o siete temas en este idioma y estamos muy orgullosos de ellos.

A nivel compositivo, ¿cuesta mucho más expresar los sentimientos en español? ¿Es el inglés una coraza que te permite distanciarte?

Sí, el español te expone mucho más, ya que te va a entender todo el mundo, hasta tu vecina. Con el inglés es cierto que creas una barrera; ni el público te va a entender ni tú mismo, salvo que tengas un muy buen nivel en esa lengua, vas a poder expresar todo lo que querrías, así que puede ser una coraza. Pero el español, aunque te expone mucho más te puede hacer conectar a un nivel más amplio con la gente.

¿Cómo ha sido el proceso de producción de ‘¿Quién nos va a salvar?’? ¿Qué influencia ha tenido en el mismo un artista tan consagrado y singular como Diego Galaz?

Diego ha dejado mucha huella en el disco. Estuvimos trabajando con él un año durante la pre-producción; íbamos haciendo canciones y, de vez en cuando, tocaba con nosotros, nos daba consejos… Sobre todo, lo que hemos aprendido gracias a él es el oficio de músico, en todas sus facetas. Hemos madurado mucho musicalmente junto a él. Y también, en la producción, ha aportado varias cosas instrumentalmente en tres o cuatro canciones, como un buzuki, que es un instrumento que jamás hubiésemos pensado meter en un disco (risas). Además, creo que a las canciones y al disco en general les dio un toque que es el que él conoce y le gusta,  cercano al folk, pero conjugado con el estilo rockero aunque acústico que pretendemos tener. Por tanto, su influencia en el disco existe, pero ha ido mucho más allá.

Además, habéis tenido la suerte de que un artista de la talla de Quique González colaborase en uno de vuestros temas ¿Cómo se fraguó su participación en  ‘En la cuerda floja’?

Quique es un músico que nos encanta, tanto por sus canciones como por cómo lleva su carrera profesional. Un día, escuchando este tema en el estudio, comentamos medio en broma lo genial que sería que cantase un trozo. Diego (Galaz) le conocía, le envió el tema, a Quique le gustó y se animó a venir al estudio. No sólo no pidió nada a cambio, sino que estuvo con nosotros todo el día como uno más y nos encantó su aportación. Otra persona más de la que aprender y otra experiencia bonita que nos ha dado la música y que no pensábamos que fuese a darnos.

Como curiosidad, hemos visto que tenéis miles de reproducciones de vuestras canciones en Spotify. ¿Se han llegado a monetizar en vuestro caso? ¿Creéis que puede llegar a ser una alternativa que supla la crisis del disco físico?

No conozco mucho cómo se lleva a cabo ese reparto, pero lo que nos haya podido llegar de eso es muy poco, algo anecdótico. Supongo que esto da dinero como ocurre en Youtube, cuando eres Katy Perry y tienes cinco millones de visitas. Pero Spotify es una realidad ahora mismo; mucha gente escucha música sólo a través de Internet, en su trabajo o en su casa. Por tanto, hay que estar ahí y por ello pasas un poco por el aro, sobre todo en el caso de grupos como nosotros, que no tenemos poder para cambiar nada. Quizá se le podría exigir a los músicos que generan millones de visitas que exigiesen unas mejores condiciones, pero nosotros no somos nadie para decir nada. Lo que está claro es que es el mayor escaparate musical en la actualidad, algo parecido a lo que fue en su momento la MTV.

O sea que, a día de hoy, grupos como el vuestro tienen que buscar el pan de cada día en el directo.

Sin duda. Realmente es donde hay que currar, casi como en cualquier otra profesión. No sé en otras épocas cómo sería, porque no las hemos vivido, pero esto no tiene ni el diez por ciento del glamour y de la tontería que mucha gente vende desde fuera. Somos currantes que nos levantamos, cargamos la furgoneta, hacemos tropecientos kilómetros, llegamos, hacemos la prueba de sonido, nos duchamos, damos el bolo, nos quedamos hablando un rato con la gente, cargamos el equipo de nuevo y volvemos para casa en el mejor de los casos. Es en el directo donde está el oficio. No en vano, hace cincuenta años, los músicos sacaban un montón de discos cada año y  ahora la dinámica ha cambiado. Nosotros, como es la única situación que hemos conocido, pues estamos encantados, la verdad.

En ese sentido, vosotros habéis sido muy prolíficos, con dos EPs y un disco en menos de tres años.

Es algo que ni nos hemos planteado; hasta ahora todo ha ido surgiendo de manera espontánea, ya que no quedaba otra. Cuando nos sobraba dinero de algún concierto lo guardábamos para grabar y la necesidad de seguir haciendo temas ha sido lo que nos ha impulsado, pero aún así no hemos parado ni un instante. Hemos dado cerca de ciento diez conciertos en estos años, pero creo que cuando de verdad tienes ganas de hacer canciones te lleva a esto.

A día de hoy, ¿aún contáis con tiempo para seguir trabajando en cosas nuevas?

Bueno, de eso no vamos a decir nada. Queremos mantener un poco el misterio porque, hoy en día por Internet todo se sabe, e incluso los grupos sacan un avance del videoclip y se destripa todo. Así que vamos a dejarlo de momento ahí (risas). Cuando tengamos algo que decir lo diremos.

Pero, ¿podemos esperar que sigáis siendo tan prolíficos como hasta ahora?

No se sabe (risas), pero esperamos que sí que sea así.

Con poco más de tres años en activo ¿Qué balance puedes hacer del camino que habéis recorrido hasta ahora, tanto a nivel personal como profesional?

El balance es muy positivo; hemos hecho cosas que no pensábamos que íbamos a poder hacer; hemos tocado en muchos sitios, hemos conocido a gente fantástica y nos han tratado muy bien allá a donde hemos ido. Hemos metido también muchas horas de trabajo, con kilómetros y kilómetros de viajes y con locuras también memorables. Pero, poniendo todo en una balanza, puedo decir que estamos contentísimos, que es una pasada que haya gente que sepa quiénes somos, que nos escuche, que venga a nuestros conciertos y sólo podemos esperar que siga así muchísimo tiempo.

Entrevista originalmente publicada en Revista OffTopic. Fotografía destacada de Patricia González (manerasdevivir.com).